Yo iba de peque a misa, porque después del rollazo de lo que es la misa en sí abrían una ludoteca/biblioteca/filmoteca orientada a niños que había en un edificio contíguo a la iglesia, así que iba allí y me pegaba unas cuantas horas divirtiendome.
Pero dejé de ir cuando me empezaron a salir pelicos en los huevos, y desde entonces voy, como casi todo quisqui, cuando hay ceremonias.
Precisamente estas dos ultimas semanas he tenido una boda y un bautizo, y la verdad es que la misa me resultó muy divertida si me ponía a ridiculizar mentalmente las tesis del cristianismo. Toda una fiesta, weah.








