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Un apocalipsis y medio

Si te gusta escribir o quieres descubrir nuevas "promesas" este es tu sitio

Moderador: The Cragor

Mensajepor Necane 30 Dic 2011 18:31

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Necane
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Mensajepor Necane 10 Ene 2012 17:27

QUINCE

Renzo se despertó con un terrible dolor de espalda. Dormir en el suelo con un cojín no era dormir. Fue el primero en levantarse y lo hizo con sigilo pues estaban todos durmiendo desperdigados por el salón, excepto No-Enrique, que se había ganado la cama de matrimonio. También es verdad que estaba llena de sangre y nadie había querido ir a compartirla.

La anciana Emilie estaba en su sillón de tejer, prácticamente sentada y con las manos entrelazadas. Sam Scott estaba tumbada en el sofá, el mejor sitio para dormir dadas las circunstancias. Y por último se hallaba el Presidente en el otro extremo del suelo, dejando caer su baba sobre una alfombra que tenía pinta de ser muy cara.

Renzo se dirigió a la cocina y se preparó un café. Su agradable olor le proporcionó una sensación de confort y familiaridad. Mientras se lo tomaba empezó a escuchar ruidos y algo que identificó como susurros. Depositó la taza a medio acabar en la encimera y se dirigió hacia el salón. Allí seguían la anciana, Sam y el Presidente. Todos parecían igual de dormidos.

Sacó la pistola y caminó por el pasillo. Los ruidos venían del dormitorio principal. Según se iba acercando oía los sonidos con mayor claridad. Parecía alguien arrastrando algo o incluso a sí mismo. Pensó en darle una patada a la puerta para alejar al que estuviese cerca y tener mayor zona de seguridad. Pero se dio cuenta de que iba descalzo y podía ser peor el remedio que la enfermedad. Optó por la forma silenciosa. Cogió el pomo de la puerta con cuidado, lo giró y empujó hacia dentro. No logró abrir más de dos centímetros y enseguida notó un impulso desde el otro lado que cerró la puerta.

- ¡Abre la puerta!.- gritó Renzo.-

Intentó abrir utilizando la fuerza bruta, pero no lo consiguió. Parecía que habían puesto algo bloqueándola, un armario o quizás una silla. No podía ser solo la fuerza de No-Enrique contra la puerta porque era mucho más fuerte que él. Siguió aporreando decidido a entrar en esa habitación fuera como fuese.

- ¡Abre la maldita puerta!.- volvió a gritar.-
- ¿Qué pasa?.- dijo una voz somnolienta a su espalda.-

Sam Scott estaba a un metro de él, llevaba el pelo rojizo revuelto y tenía cara de confusión. Detrás de ella, estaba la anciana sujetándose el camisón con remilgo.

- Se ha encerrado en la habitación.- respondió Renzo.-
- ¿Cómo que encerrado? ¿Por qué?
- No tengo ni idea. Sólo sé que no hay manera de abrir.
- ¿Ha dicho algo?
- No.

Se quedaron los tres callados y mirándose en el pasillo, sin saber qué hacer. Del otro lado de la puerta no se oía nada. Renzo no desistió y volvió a intentarlo. Esta vez tomó carrerilla y cargó contra la puerta con su hombro derecho y el peso de su cuerpo. Lo único que obtuvo fue un latigazo de dolor y que la puerta se moviera apenas otro par de centímetros antes de volver a cerrarse de nuevo.

El Presidente, aunque tenía un sueño más profundo, no pudo evitar escuchar el escándalo que estaban montando sus nuevos compañeros, así que se despertó y caminó hacia el origen del sonido. Vio como Renzo estaba fuera de sí aporreando y gritando a la puerta del dormitorio principal. Se acercó y le preguntó:

- ¿Por qué estáis haciendo tanto ruido?
- El hombre se ha encerrado y no quiere salir, señor.- contestó Renzo parando a coger aire.-
- ¿Y por qué no quiere salir?
- No sabemos, no ha dicho nada.
- Déjame intentarlo.- dijo el Presidente, acercándose a la puerta y llamando con suavidad.- Ehh…chico, soy yo, ayer te llevé unas toallas, seguro que están empapadas de sangre otra vez, ¿necesitas más?
- Sí.- se oyó una voz alterada al otro lado de la puerta.- ¿Por qué me estáis haciendo esto? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está mi mujer? ¡Dejadme salir!
- Puedes salir cuando quieras.- se unió a la conversación Sam.- Eres tú el que se ha encerrado.
- Si claro, y que me cortéis la otra pierna. ¡Ni hablar!

El Presidente miró con reproche a Sam por haber metido baza en la conversación. Le hizo un gesto con la mano que indicaba que se estuviera callada.

- Chico, ¿no te acuerdas de lo que te ha pasado? Mejor dicho, ¿de lo que le ha pasado al mundo?
- ¿A qué te refieres?
- Mira por la ventana.- le sugirió el Presidente.-


Otra vez silencio. Oyeron como caminaba con dificultad por la habitación y abría la ventana. Se lo podían imaginar mirando el panorama exterior, intentando recomponer las piezas de lo sucedido.

- ¡Pero si estoy en mi casa! Bueno, no en mi casa, pero al menos sí en mi edificio, unas cuantas plantas más arriba. ¿Ha habido un accidente?
- Algo así. Sal y te lo contamos todo. No queremos hacerte daño, de hecho somos nosotros los que te ayudamos, ¿no te acuerdas de mí?
- No. ¿Cómo puedo confiar en vosotros? ¿Y mi mujer?
- No sabemos dónde está. Solo te encontramos a ti.
- ¿Y por qué no me habéis llevado al hospital?.- preguntó No-Enrique con sospecha.-
- ¿Te has fijado bien por la ventana? No es sólo un accidente, algo ha pasado en todo el mundo, no funcionan las ambulancias.- respondió el Presidente.-



De nuevo todos se quedaron en silencio. Renzo miró con exasperación al Presidente. Oyeron movimientos de muebles dentro del cuarto, parecía que estaba quitando lo que obstaculizaba la puerta. Renzo se iba a lanzar a abrirla pero el Presidente le detuvo con el brazo. Quería que saliese por su propio pie y que no se sintiese más intimidado. Finalmente, la puerta se abrió. Ahí estaba No-Enrique, sosteniéndose sobre su pierna buena, y “armado” con la Biblia. Miró al extraño grupo que tenía delante: un hombre fuerte y con evidentes problemas de ira, uno gordo con cara amable, una señorita pelirroja y más alejada de la puerta se encontraba una dulce ancianita en camisón. Se dirigió a todos y dijo con una leve sonrisa:

- Hola, soy Alvin. Encantado.

Tras unas breves presentaciones, se dirigieron todos al salón. El Presidente ayudó a Alvin a trasladarse dejando que se apoyase en su hombro. Le pusieron al día de lo poco que ellos sabían: le contaron cómo habían escapado del edificio contiguo, cómo medio mundo se había vuelto loco y se estaba comiendo al otro medio, cómo le habían encontrado en el ascensor y fin de la historia. Mientras, Emilie les había acercado algo para desayunar y había ofrecido a Alvin unos calmantes para el dolor.

- Cuando me recogisteis en el ascensor, ¿no os conté lo que me había pasado?.- preguntó Alvin, intentando recomponer el puzzle.-
- No, solo gritabas, tenías mucho dolor.- le contestó el Presidente.-
- Entiendo. Haciendo un repaso mental, sé que salí del trabajo y hablé con mi mujer por teléfono. Cogí mi moto y me dirigí a casa. Lo último que recuerdo es el cruce del puente que hay a unos quince minutos de aquí. Y luego… nada. Hoy me he despertado en una habitación extraña, con los huesos astillados y lleno de sangre. Bueno, agradezco vuestra hospitalidad, pero yo me voy a mi casa.

Mientras acababa la frase, Alvin intentó ponerse de pie sobre su pierna buena.

- Pero, ¿cómo te vas a ir ahora?.- preguntó atónito el Presidente.- ¿Es que no nos has escuchado? ¡Estamos rodeados de esos engendros!
- Ya, pero yo vivo en este mismo edificio y mi mujer estará muy preocupada por mí. Por cierto, ¿en qué piso estamos?
- En el 22, es la última planta.- le contestó Emilie.-
- Perfecto, yo vivo en el 15. Sólo tengo que subir al ascensor y ya estaré en casa. Tal cómo tengo la pierna, aunque sea poco trayecto, si me encuentro uno de esos engendros que decís no tendré muchas oportunidades, si alguien pudiera acompañarme… Además, os dejaré llevaros algo de comida como agradecimiento. ¡Ah! Y mi mujer es médico, eso siempre es útil.
- Alvin, me pareces buen chaval, pero yo no pienso ir, no sé si te has fijado pero yo no soy muy rápido y con el tiempo que estuve ayer fuera me ha sido suficiente.- se excusó el Presidente.-
- ¿Tu mujer es médico? Eso nos podría venir muy bien. ¿Qué especialidad?.- preguntó Sam claramente interesada.-
- La especialidad tampoco importa mucho, porque los primeros años son comunes y todos los médicos saben un poco de todo.- dijo Alvin evadiendo la respuesta.-
- ¿Acaso no tiene especialidad?
- Sí, claro que tiene. Lo que pasa que igual no es lo que os esperabais.- dijo Alvin, y tras unos segundos de consideración, decidió sincerarse.- Es cirujana plástica.

Se quedaron en silencio mirando a Alvin. De repente, Sam empezó a reírse, y en seguida contagió a los demás. Incluso Renzo esbozó una leve sonrisa.

- Bueno, a mí me has convencido.- dijo Sam.- Te ayudamos a bajar y nos dais algo de comida, que estamos acabando con las reservas de Emilie a ojos vistas.
- Renzo, quiero que vayas tú también.- le ordenó el Presidente.- Así echas un vistazo a la situación y nos dices que es lo próximo que tenemos que hacer.
- De acuerdo, señor. Necesitaremos algún elemento para cagar con los alimentos y armas de corta distancia.- contestó Renzo solícito.-


Sam lo tenía bastante claro, así que se acercó a Emilie y le dijo:

- Necesitamos dos mochilas y como armas…¿tienes cuchillos?
- Espera que vaya al armario, ahí creo que tengo maletas y cosas así. En la cocina encontrarás cuchillos, mira en el armario a la derecha del horno, ahí tenemos el pack ese que anunciaban en la teletienda.
- Gracias.

Sam se dirigió a la cocina, y enseguida encontró el set de cuchillos. La caja estaba llena, excepto por un hueco vacío. Cogió tres cuchillos y le dio uno a Renzo y otro a Alvin. Emilie ya les había sacado las mochilas. Se las pusieron y se dirigieron a la puerta. Alvin iba apoyado en el hombro de Sam, para cojear con menos riesgos de caerse, y apuntando con su cuchillo hacia delante. Sam le dijo:

- Cuidado, no te vayas a tropezar y apuñalar a ti mismo.
- Lo mismo digo.- contestó Alvin con una sonrisa.-

Cuando iban a abrir la puerta, Renzo les detuvo y les habló seriamente.

- El plan es el siguiente: subimos al ascensor, vamos a la planta número 15. Alvin, lleva las llaves preparadas. Si encontramos a un engendro, lo matamos con los cuchillos, la pistola la utilizaré como último recurso porque el sonido retumbaría por todo el portal. Recordad que hay que machacarles la cabeza, en las noticias han dicho que incluso aunque separemos la cabeza del cuerpo seguirá funcionando. Si lo tenemos en el suelo, le damos patadas, ¿de acuerdo?
- Sí.- dijeron Sam y Alvin a la par, como dos niños obedientes.-
- Y cuidado con entrar en contacto con sus fluidos, o nos contagiaremos y nos convertiremos en esa mierda. ¿Entendido?
- Sí.
- Una cosa.- preguntó Emilie con voz dulce.- ¿A qué hora vendréis a comer? ¿Y cuántos seremos? Lo digo por tenerlo preparado.
- Pues no sé, a eso de la hora de la comida, a las dos o así.- respondió Sam confusa.- Y seríamos cuatro, porque Alvin se queda con su mujer.-
- Gracias maja.- contestó Emilie a la vez que miraba su reloj.- entonces me da tiempo a tejer un poco.-


Y dicho esto se dirigió hacia su sillón y como si fuera lo más lógico y normal, siguió tejiendo. Después de unos segundos de estupefacción, Renzo, Sam y Alvin se pusieron en marcha. Abrieron la puerta y descubrieron que el descansillo estaba desierto. Cerraron la puerta tras de sí con cuidado y agudizaron sus oídos. Se oían murmullos y gemidos amplificados por el eco característico del portal. Renzo se asomó a la barandilla de las escaleras y pudo ver sombras en pisos inferiores. Tenían que ser muy silenciosos.

“Clink” El metálico sonido del ascensor indicaba que sus puertas se abrían. Nadie lo había utilizado desde que saliera Alvin ensangrentado de dentro. El suelo estaba enrojecido y con aspecto insalubre. Entraron y pulsaron el botón número 15. Cuando el ascensor se puso en marcha, su maquinaria se les antojó muy ruidosa contando con la atmósfera semisilenciosa del edificio. Veintiuno, veinte, diecinueve, dieciocho, diecisiete, dieciséis, quince. “Clink” hizo de nuevo el ascensor y sus puertas se abrieron.
"El hombre de negro huía a través del desierto, y el pistolero iba en pos de él" (Stephen King)

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Mensajepor -OlYmPuS- 10 Ene 2012 18:27

Me voy a descargar los archivos zip para leerlos desde el ereader. Me he leído los dos primeros capítulos y me ha dejaó' la vista fatal [+risas] . La cohesión del texto es buena. De momento el argumento me está gustando.


Un saludo.
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Tranquilos, no pasa nada. Yo estoy aquí para dejar claro de quién es esta liga. Calma.

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Mensajepor Necane 11 Ene 2012 00:54

-OlYmPuS- escribió:Me voy a descargar los archivos zip para leerlos desde el ereader. Me he leído los dos primeros capítulos y me ha dejaó' la vista fatal [+risas] . La cohesión del texto es buena. De momento el argumento me está gustando.


Un saludo.


Buenas,

Gracias por leer y comentar. Para facilitar la tarea he hecho un nuevo y único archivo epub, incluye capítulos 1 al 16. Lo adjunto a este mensaje. Espero que se vea bien en el ereader :)

Saludos
Adjuntos
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Mensajepor -OlYmPuS- 11 Ene 2012 01:02

Necane escribió:
-OlYmPuS- escribió:Me voy a descargar los archivos zip para leerlos desde el ereader. Me he leído los dos primeros capítulos y me ha dejaó' la vista fatal [+risas] . La cohesión del texto es buena. De momento el argumento me está gustando.


Un saludo.


Buenas,

Gracias por leer y comentar. Para facilitar la tarea he hecho un nuevo y único archivo epub, incluye capítulos 1 al 16. Lo adjunto a este mensaje. Espero que se vea bien en el ereader :)

Saludos


De acuerdo, descargando. Muchas gracias.

Ahora mismo, antes de irme a sobar, voy a leer un ratito.

Un saludo.
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Tranquilos, no pasa nada. Yo estoy aquí para dejar claro de quién es esta liga. Calma.

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Mensajepor Necane 16 Ene 2012 12:07

DIECISÉIS

“Operación salvar a la chica del STOP” rezaba el título de la hoja. Alice se había quedado dormida en el escritorio, encima del plan que había trazado durante la noche. Se despertó pensando en darse una ducha (en su ducha) y tomándose un café (de su cafetera). Esos pocos segundos de desorientación y familiaridad se le pasaron de golpe cuando abrió los ojos y vio los dibujos que había trazado para su plan, todo lleno de anotaciones que a ella misma le costaba traducir.

Se puso de pie y miró a su alrededor con suspicacia. Todo parecía tranquilo. Aun así sintió la necesidad de registrar la casa, “por si acaso”. Como todo parecía en orden, se fue al baño, se desvistió y se dio una agradable ducha caliente. El sonido del agua al caer hacía demasiado ruido en la silenciosa atmósfera. Esperaba no llamar demasiado la atención, pero al fin y al cabo estaba en un 3º o 4º con puerta blindada. También es verdad que podrían subir por el mismo conducto que ella. Y entonces se acordó: había dejado el techo de la trastienda roto. Un acceso directo a su casa ya no tan segura. Cierto es que tenían que seguir el mismo camino por los conductos de ventilación, pero aun así la idea no le gustaba.

Se vistió con ropas de los dueños de la casa. Dedujo que era el hogar de una pareja, ya que había indumentaria de ambos géneros. La talla de la chica le iba bastante bien, incluso encontró unas zapatillas de deporte que solo le apretaban un poco. Luego se dirigió a la cocina-salón. Cogió más galletas y se las comió de pie, pensativa. Ya tenía urdido el plan A, el B y, esperaba no llegar a necesitar el plan C para salvar a la chica del STOP. “¡La chica!” Se percató de que no la había oído gritar desde que se había despertado. Dejó las galletas en la encimera y corrió hacia el dormitorio. Apartó las cortinas caoba con tanto ímpetu que casi las sacó de sus rieles. Abrió las puertas del balcón y entornó los ojos esforzándose para ver. Ahí seguía, una silueta encaramada a la señal de STOP. Con el corazón todavía latiendo deprisa, suspiró aliviada. Entró en el dormitorio y cogió su cuaderno. Rezaba así:

Operación salvar a la chica del STOP

Plan A: pintar en unas sábanas las instrucciones de cómo llegar a dónde estoy yo, mejor con dibujos que con frases. (Al lado tenía hechos varios bocetos). Una vez hecho, sacar las sábanas al balcón y hacer algún ruido, quizá silbar, para que la niña lo vea. Ventajas: alta probabilidad de que lo vea y, si los dibujos son claros, de que lo entienda. Desventajas: hay que hacer ruido. Otras personas podrían verlo y venir. Tampoco descarto que los zombies puedan entenderlo, no sé qué nivel de inteligencia tienen.

Plan B: escribir las instrucciones en folios, hacerlas avioncitos de papel o cartón, y lanzárselos hasta que consiguiese coger uno. Ventaja: silencioso. Desventaja: es difícil que le llegue algún avión, contando con la distancia que hay.

Plan C: gritarle directamente las instrucciones. Decirle que me responda con gestos, y así no atraerá la atención de los zombies de su alrededor. Desventajas: mucho ruido, yo atraería la atención.

El plan de las sábanas se le ocurrió porque había encontrado unos botes de témperas. Los cogió del cajón y los puso en la mesa del salón junto con un vaso de agua y unos pinceles. Sacó unas sábanas blancas del armario y se puso manos a la obra. Primero dibujó el cartel de la pastelería, y junto a éste un gran número uno y la palabra “ENTRA”. Disfrutaba del agradable olor de la pintura y estaba quedando bastante claro. Después pintó la trastienda, con la máquina de café y una flecha señalando hacia el techo. Puso el número dos y “SUBE POR EL TECHO”.

Ahora venía la parte más difícil de dibujar. Una vez en el falso techo, ella había dado vueltas a oscuras hasta encontrar el conducto de ventilación. No sabía cómo indicarle algo que ni ella misma sabía dónde estaba. Anoche mismo, mientras escribía el plan, había tenido una idea pero la había rechazado con temor. Pero según se iba implicando cada vez más sabía que era lo único que podía hacer: bajar por los conductos y encontrarla. Se levantó de la silla y se dirigió a examinar el agujero de la ventilación por el que había entrado hacía menos veinticuatro horas. Se asomó y vio el haz de luz que salía de la casa de los conejos, y más allá, solo oscuridad. Parecía haber bastante altura, la caída era peligrosa.

Buscó por la casa algún tipo de cuerda. Encontró una caja de herramientas que solo tenía lo básico. Decidió coger el martillo, pues parecía un buen arma. Además cogió la linterna, eso seguro que le sería útil ahí abajo. Después de un rato buscando cuerdas, se dijo que no podía perder más el tiempo, así que echaría mano de las sábanas otra vez. Sacó más del armario y las empezó a anudar. Enlazó un total de cinco sábanas. Buscó algún sitio dónde atar el extremo, pero no encontraba nada apropiado que fuese a aguantar el peso. Al final decidió utilizar la lavadora. La sacó con esfuerzo de su sitio y la acercó al hueco. La rodeó con las sábanas e hizo varios nudos. Una vez hecho esto, se movió al otro extremo de la habitación, tirando con fuerza de las sábanas, haciéndoles una prueba de resistencia. Parecía que iban a aguantar, y siempre podía volver a adoptar la posición que había utilizado para subir.

Una vez aclarada esa parte del plan, se dispuso a plasmarlo en la sábana de instrucciones. Puso un número tres grande y dibujó un conducto de ventilación que hacía una “L” sencilla y llevaba a la casa. Dentro del conducto de ventilación dibujó una chica y puso “YO TE ESPERO AQUÍ”.

Muchas partes del plan podían salir mal, desde que la chica no entendiera el mensaje, a que la atrapasen nada más bajar, a que la estuviesen esperando en la trastienda, o incluso que se abriese la cabeza al bajar de la señal. Pero ya estaba todo listo y tenía que intentarlo. Le asustaba que la chica del STOP muriese si no hacía nada, pero le aterrorizaba aún más que por seguir sus instrucciones la atrapasen. Sería el número dos en su lista de niños y adolescentes llevados a las manos de la muerte. Alice sacudió la cabeza para apartar esos pensamientos de su mente y cogió las sabanas con las instrucciones.

Abrió el balcón y entornó los ojos de nuevo para examinar el panorama. La gran plaza seguía siendo el hogar de los bautizados por ella misma zombies. Se movían con lentitud, vagando de un sitio a otro. El camino desde el STOP hasta la pastelería estaba lleno de trampas, con coches por el medio y seres hambrientos paseando engañosamente tranquilos. El factor sorpresa jugaba a su favor, pero ahora mismo las condiciones no eran muy buenas. Se fijó en que a veces alguno tropezaba con algo, haciendo un sonido que atraía a un pequeño grupo pero que rápidamente perdía el interés. Entró en casa y cogió varios zapatos de hombre, tipo mocasines que parecían más contundentes. Lo lanzó con fuerza hacia unos coches alejados de la trayectoria. El sonido metálico puso en marcha a los zombies más cercanos. Entusiasmada por esa pequeña victoria, tiró otro zapato. Esta vez dio en la carretera e hizo que uno de ellos se agachase a cogerlo. Se lo intentó llevar a la boca, pero enseguida lo desechó. Anotaría más tarde eso en su cuaderno.

Lo más importante ahora era que estaba funcionando. La trayectoria se estaba despejando, quizás quedaban tres o cuatro seres que se interponían y si la chica era rápida…

En ese momento desplegó la pancarta y le hizo gestos con las manos. Esperaba que la chica del STOP no fuese miope cómo ella. Estaba apunto de llevarse los dedos a la boca para silbar cuando vio que la chica le saludaba con el brazo. Le devolvió el saludo y le hizo un gesto de silencio, aunque no sabía si con la distancia se vería. Los zombies que se estaban congregando en torno a dónde habían caído los zapatos empezaban a dispersarse, casi con sonidos de resignación. Así que Alice cogió otro mocasín y lo tiró con fuerza. Volvió a dar en un coche haciendo un sonido metálico atrayente para ellos. En ese momento la chica del STOP se deslizó por la barra de la señal cómo si estuviese en la central de los bomberos. Empezó a escabullirse entre los coches. Parecía que iba de puntillas, silenciosa y sigilosa, a un ritmo moderado de velocidad. Pasó demasiado cerca de un zombie que se giró hacia ella. Empezó a perseguirla, extendiendo el brazo “bueno”, el otro colgaba en un amasijo de ropa y tendones. La chica del STOP le vio y aceleró el paso. Se giró hacia atrás para comprobar cómo se estaba alejando y poniendo cada vez más a salvo. Pero esta distracción le hizo tropezar con una papelera que había en el suelo. Cayó de bruces haciendo un sonido sordo.

Alice miraba desde el balcón angustiada, iba a pasar otra vez. Le vino a la mente el sonido de la cabeza de Simon contra el suelo, la imagen de la sombra a gatas del pequeño, su primer encuentro del chico con sus tijeritas de punta redonda. Pero la chica del STOP reaccionó y se puso de pie rápidamente. Había llamado la atención de más zombies y ahora corría sin importarle el sonido de sus zapatillas contra el asfalto. Alcanzó la acera y entró en uno de los locales. Alice no podía distinguir desde arriba si era la pastelería u otro sitio. Dio un respingo y se acordó de la tercera parte del plan: esperarla en el conducto.

Se forzó a apartar la mirada de la calle y entró en la casa. Se puso la linterna colgando de una cuerda en el cuello, y el martillo en el bolsillo del pantalón. Tiró las sábanas por el conducto de ventilación y empezó a bajar. La lavadora se movió en su dirección un poco, pero chocó con la barra que funcionó como un inesperado tope. Pasado el haz de luz de la casa del conejo (donde no quiso mirar) encendió la linterna. Siguió descendiendo con cuidado por las sábanas, era más duro de lo que se imaginaba y eso que le había hecho muchos nudos para facilitarle la bajada. Una vez abajo fue consciente del olor a descomposición que allí había. Siguió el conducto de ventilación recto. ¿Qué pasaría si se perdía? Intentó no pensarlo y siguió gateando. Llegó a la primera rejilla de ventilación que había desatornillado con el cuchillo de la pastelería. Daba paso al falso techo.

Oyó sonidos y golpes, había alguien allí debajo. Se paró y alumbró con la linterna. No vio nada. Se acercó a la zona del techo que había roto, de donde ahora salía una tenue luz. Al asomarse vio a la chica del STOP intentando trepar sin éxito. Alice le tendió una mano con una sonrisa. La chica miró hacia su espalda con pánico y agarró su mano con brusquedad. Alice tiró con fuerza y consiguió subirla al falso techo. Pocos segundos después vio a lo que hasta ayer había sido un hombre. Parecía haber estado en un accidente de tráfico, con múltiples roturas de huesos haciendo ángulos imposibles en sus extremidades. Extendió las manos hacia el hueco del techo. Alice ahogó un grito y se apartó de ahí. Cogió a la chica por la muñeca y le señaló con la linterna que tenía que pisar por las vigas. Ésta asintió con la cabeza y se dispuso a seguirla.

El zombie seguía a escasos metros de ellas, gimiendo con lo que Alice anotaría más tarde en su cuaderno como frustración. Gatearon por las vigas y entraron al conducto de ventilación. Siguieron recto hasta encontrarse con las sábanas.

- Sube por las sábanas, es el segundo hueco.- indicó Alice.-

La chica del STOP le miró en silencio e intentó subir. Las sábanas se tambaleaban en el conducto y no consiguió subir.

- No puedo.- dijo la chica.-
- Subiré yo primero, fíjate en cómo lo hago, y si no te intento subir a pulso desde arriba, ¿vale?
- Por favor no me dejes aquí.- suplicó la chica mirando a su espalda con terror.-
- No te preocupes, no me he tomado tantas molestias para dejarte en el conducto de ventilación. Toma, coge la linterna.- le tranquilizó Alice.-

Alice intentó subir por la sábana, y vio que era infinitas veces más difícil que bajar. Así que decidió dejarla a un lado y subir como el día anterior, apoyando la espalda en un lado, y las piernas en el otro. Empezó su lento subir. Pasó por la primera rejilla: el hombre yacía boca arriba, en un gran charco de sangre. No había rastro de los conejos. Siguió subiendo y por fin llegó a su hueco. Entró en la casa, se quedó tumbada recuperando la respiración. Se dio la vuelta y se asomó por el agujero. Vio que la chica estaba subiendo con una mano y una pierna en cada lado del conducto. Parecía Spiderman. Alice se sintió orgullosa. Cuando llegó a la altura de la casa, le ayudó a entrar en el piso. La chica del STOP se abalanzó contra Alice, la abrazó con fuerza y comenzó a llorar. Alice le respondió al abrazo y, sin querer, las lágrimas empezaron a recorrer su cara.




Cuaderno de Alice. Página 8.
¿Tienen los zombies emociones? Al parecer se enfurecen o se indignan cuando no pueden cogerte. Eso implicaría algún tipo de sistema rudimentario de adaptación al mundo. ¿Tienen inteligencia? ¿Seguirán entendiendo el lenguaje aunque no puedan practicarlo? ¿Conservarán sus recuerdos?
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Mensajepor Necane 31 Ene 2012 14:50

DIECISIETE

Atrhur y Ayer volvieron callados en el camino de vuelta a casa. Aunque el trayecto era corto, el silencio era cada vez más incómodo. Arthur buscaba temas de conversación, pero cuanto más más tiempo pasaba, le parecían cada vez más ridículos y fuera de lugar. Cuando bajaron del coche esa atmósfera tensa pareció disiparse en el aire y se pusieron a preparar algo de comer animadamente.

Encendieron la televisión y encontraron la reposición de una serie que les gustaba, así que vieron dos capítulos seguidos. Una vez finalizados, fueron cambiando de canal viendo que funcionaban muy pocos. Entonces fue cuando llegaron al Canal nº6. Había un plató vacío y se oían ruidos y gritos. Al parecer la cosa era a gran escala y no solo de su base militar. Decidieron apagar la televisión. Todavía quedaban unas horas de luz, así que Arthur le propuso a Ayer ir a dar una vuelta por la zona y buscar a su madre.

- Me encantaría conocerla.- le contestó Ayer.-
- Y a mí que lo hicieras.- le sonrió Arthur.-

Él cogió sus armas, y ella sus cuerdas. Aunque vivía alejado de la civilización, el asesino/secuestrador de su madre andaba suelto y era mejor ser precavidos. Se abrigaron un poco más y enseguida salieron a disfrutar de los sonidos de la naturaleza. Ayer no parecía muy ágil en ese terreno, de hecho parecía una chica de ciudad en un mono verde que no le pegaba demasiado. Arthur se la imaginaba como una princesa, o al menos como una belleza de la alta sociedad. Iba tan ensimismado en sus pensamientos que casi se le escapó una gran pista: había un cubo metálico semiescondido entre unos arbustos.

Se aceró a mirar y vio que el cubo estaba lleno de lo que parecía sangre.

- ¿Qué es eso que flota?.- preguntó Ayer con curiosidad.-
- No lo sé. Voy a coger un palo para sacarlo.
- No te preocupes, ¡lo saco yo!.- dijo entusiasmada.-

Ayer se descolgó una cuerda del hombro y “pescó” lo que había dentro. Era un conejo muerto, desangrado.

- ¡Puaj! ¡Qué asco!.- dijo Ayer dejando caer de nuevo al animal en el cubo (¡plof!).-
- Toda esa sangre de un conejo…no es posible.- dijo Arthur.-

Arthur cogió el cubo, levantó el asa metálica y lo vació en el suelo. La sangre se esparció lentamente y, aunque tenía cierta espesura, se empezó a filtrar en la tierra. Por último cayeron no uno sino dos conejos. Ambos habían sido degollados y tenían el pelaje pastoso. No olía demasiado mal, lo que quería decir que no llevaban mucho tiempo ahí. Ni siquiera había ido ningún animal salvaje del bosque a por el cubo, y eso que ya tenían “el trabajo hecho”. Lo más extraño de todo es que estaban relativamente cerca de la casa de Arthur y lejos del coto de caza.

- Arthur, ¡mira!
- ¿Qué?
- Hay una cosa ahí.- señaló Ayer hacia los conejos.-
- Sí, dos conejos muertos.
- No no, en uno de los bichitos…hay algo y creo que se lo que es.

Arthur la miró, intentando valorar si eso formaba parte de su especial forma de ser o si había algo de verdad. El semblante de ella era serio, casi lúcido. Le señaló hacia los conejos con gesto apremiante. Él se giró, se acercó más y entonces lo vio. Había un dedo humano en la boca de uno de los conejos.

- ¿Tienes papel o algo para cogerlo?.- preguntó él.-
- No. ¿Quieres una cuerda?
- Mmm…no gracias.- sopesó Arthur.- Ya sé, me quitaré un calcetín.-

Dicho y hecho. Cuando tuvo el calcetín en la mano se acercó al conejo pisando, inevitablemente, el resto de sangre que había por la tierra. Puso una mueca y siguió aproximándose. Ayer guardaba una distancia prudencial y tenía una cuerda preparada. Él no sabía para qué hacía eso, pero tampoco le importaba que estuviera guardándole las espaldas. El primer contacto del calcetín con el dedo casi le hizo vomitar. El dedo estaba bien incrustado en la boca del conejo y le costó forcejear con el pequeño cadáver hasta sacarlo. Una vez que lo tuvo a mano, casi lo dejó caer al darse cuenta de que llevaba un anillo de oro.

Uno como el que su madre solía llevar. Dio con cuidado la vuelta al dedo y vio esa muesca característica de cuando a su madre se le enganchó el anillo al cerrar el armario, casi le podía oír: “¡Arthur! ¡Casi dejas a tu madre sin dedo! ¿Cuándo vas a arreglar esto?”

Arthur sonrió con nostalgia. No sabía muy bien qué hacer, pero estaba anocheciendo y tenía que decidirse. Al final, con cuidado, sacó el anillo de lo que quedaba de dedo y se lo puso en el pulgar. En los demás dedos le quedaba grande, ya que su madre era una mujer corpulenta. Arrojó el dedo con el calcetín al mismo lugar en el que yacían los conejos. Se giró y vio que Ayer le estaba mirando fijamente. No podía leer sus expresiones, su rostro, no sabía qué podía estar pensando ella. Él intentó explicarle lo que acababa de suceder:

- El dedo es…de mi madre. Lo sé por el anillo. Mira, ¿ves esta muesca?
- ¿Está muerta?.- preguntó ella.-
- No lo sé. Pero podría ser.

Esas últimas palabras apenas fueron un murmullo. Otra vez se instauró un incómodo silencio. Esta vez a Arthur no le importó, solo quería llegar a casa y, a ser posible, sin que ella le viese llorar. Emprendió el camino de vuelta y ella le siguió.

Unos minutos más tarde, cuando entraron por la puerta principal de la cabaña, Arthur se sentía aún más confuso. ¿Quién había hecho eso? ¿Dónde estaba su madre? ¿Por qué habían dejado el cubo ahí? ¿De quién era ese cubo? Mientras él se rompía la cabeza con preguntas, Ayer entró al baño. Al poco salió y le dio a Arthur la camiseta ensangrentada que habían encontrado el día anterior. Parecía que había sido hacía mucho más. Él le miró dubitativo.

- Piénsalo.- dijo Ayer con convencimiento.-
- ¿La camiseta?
- Sí. El dedo y los conejos. La sangre es la misma, huele igual.

Arthur se acercó la camiseta a la cara y olió la sangre. La verdad que no sabría decir si era la misma u otra sangre, básicamente los dos olían a herrumbre. Pero Ayer tenía razón. Esa tenía que ser la fuente. Además el mismo sabía que la camiseta la habían puesto ahí y que el “asesinato” (seguía diciéndoselo a si mismo entre comillas) había sucedido en otro sitio. Arthur empezó a pensar en voz alta:

- Entonces podría ser que alguien le cortase a mi madre un dedo, lo metiera dentro de un conejo degollado, y luego lo pusiera todo en un cubo y lo dejase a unos minutos de mi casa. Y encima dejaron aquí la camiseta de sangre, yo diría que aposta.
- Igual quería fingir su muerte.- aventuró Ayer.-
- Mi madre no haría eso. Además, no se cortaría un dedo jamás y menos dejaría el anillo, que es lo único que le quedaba de mi padre biológico.
- ¿Dónde está tu padre?
- No lo sé.
- Yo tampoco.
- Si averiguásemos de quién es el cubo, obtendríamos más respuestas. – dijo Arthur.-
- Tendríamos que haberlo cogido.
- Ya iremos mañana a por el cubo. Hoy es tarde, vamos a comer algo y a dormir.


Se prepararon algo rápido para cenar y Arthur se dio cuenta de que quedaba muy poca comida en la casa. Pronto tendrían que ir a buscar más. Y el sitio más cercano estaba regentado por lo que quedaba del General Mayer. Y él le había robado el coche.
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Mensajepor -OlYmPuS- 01 Feb 2012 02:29

Ya los leí todos pero se me olvidó pasar por aquí para decírtelo.

A la espera de los siguientes capítulos.
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Tranquilos, no pasa nada. Yo estoy aquí para dejar claro de quién es esta liga. Calma.

Necane
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Mensajepor Necane 01 Feb 2012 15:57

-OlYmPuS- escribió:Ya los leí todos pero se me olvidó pasar por aquí para decírtelo.

A la espera de los siguientes capítulos.


Gracias por tomarte tu tiempo. Si encuentras alguna cosa que comentar o alguna falta que se me haya colado avísame XD
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