Despenalizar la música descargada.
Es absurdo castigar la copia sobre CD de ficheros MP3 mientras que el precio de los discos
está fuera del alcance para los jóvenes.
Por Dominique Barella, presidente de la Unión sindical de los magistrados.Se está creando una ruptura entre la generación cinta magnética de los años 68 y la generación MP3 de los años 2000. ¿Es sano en este contexto hacer que el juez penal juegue el papel de guardia de los intereses exclusivos y de los códigos de una generación convertida en económica, contra la generación que está subiendo?
El juez penal es transformado en olla a presión generacional. Nuestra sociedad moviliza a su policía informática, económica y las audiencias correccionales para atrapar delincuentes muy peligrosos: aquellos a los que les gusta la música. Entre las múltiples prioridades de políticas penales aplicadas en nuestro país, se encuentra pues: el refuerzo de las persecuciones judiciales en materia de falsificación de CD, las reuniones en los vestíbulos de edificios, la recolecta pasiva, el almacenamiento de caravanas sobre terreno privado. En estos tiempos en que una potente delincuencia internacional prospera, deberían movilizarse los medios del Estado sobre otros objetivos.
He aquí los peligros terribles a los cuales nuestra sociedad debe hacer frente, he aquí estas enormes violaciones de los principios fundamentales de la vida en común que el derecho penal debe estructurar. 700 denuncias ya han sido anunciadas sobre estas descargas ilegales. ¿Qué peligro social justifica esta política penal? ¿Porqué penalizar las copias de CD en formato MP3 mientras el precio de los CD está fuera del alcance para los jóvenes: 20 euros el CD en tiendas, 1 euro la canción descargada? 40 Gigas de espacio para llenar su pequeña unidad de almacenamiento: ¡en tarifa Internet, cada joven debería pagar 10.000 euros!
Simultáneamente los I-Pod y reproductores-llaves USB se venden a clientes que obviamente los utilizan. Que el primero de los directivos de multinacionales que no haya copiado piezas musicales en un radiocassette durante su estancia en prestigiosas facultades les lanze el primer CD. Muchos quieren escuchar una canción una vez antes de zapear a otra, es por eso que almacenan en sus aparatos portátiles lo suficiente como para ocupar una vida de escucha. No quieren más, es nuestra sociedad de consumo que les impulsa por otra parte a zapear tanto. ¿Quién les vende ordenadores superpotentes, conexiones de gran ancho de banda, gigantescas capacidades de almacenamiento portátil, ¿y para qué hacer? Es como vender material de falseamiento para luego asombrarse de que sea utilizado.
Que no me acusen de demagogia pro joven: es necesario llamar a la coherencia a estos directivos de las multinacionales que eran de los que gritaban "prohibido prohibir". Este exceso de entusiasmo, lo han substituido cuarenta años después por el "está bien penalizarlo todo".
Si al menos estas sanciones permitiesen ayudar a la creación. Pero no, en primer lugar son instituciones financieras que prosperan. No para proteger la creación, sino para proteger algunas multinacionales del disco que tratan a los artistas con el menosprecio que todos conocemos. Algunas estrellas internacionales viven muy bien gracias a este sistema cerrado, pero los artistas que intentan hacerse un hueco son obstruidos por los sistemas de redes que vinculan lanzamiento, promoción y creación en una misma mano. El propio cantante Kent declaró
<>Nuestra generación está dando una imagen de su cinismo a los jóvenes ciudadanos.
La solución se conoce, que aquellos que nos machacan las orejas con la economía de mercado tengan al menos la coherencia y honradez intelectuales de aplicarla. El coste de fabricación de un CD es de un euro, que se deje de fijar artificialmente a una cantidad excesiva el precio de los CD grabados. En cuanto a los CD vírgenes, ya se les grava suficientemente. En cuanto al coste de la descarga, este también sigue siendo excesivo. Si todas las autoridades judiciales de Francia aplicasen la ley sobre la pirateo de los CD, muchísimas grandes escuelas de administración de la República verían la integridad de sus promociones sometidas ante los tribunales correccionales. Las gigantescas capacidades de almacenamiento de los ordenadores de las grandes escuelas de administración de la República y las de sus alumnos se utilizan en parte para almacenar música en formato MP3.
Cuando la práctica de una infracción se generaliza para toda una generación, es la prueba que la aplicación de un texto a un ámbito particular es inadecuada. La potencia de juventud es inmensa, el día en que miles de jóvenes encuentren en la plaza de la Bastilla para protestar contra el CD descargado a un euro, ningún cargo electo se resistirá. Es más deseable anticipar por la reflexión la expresión de esta incomprensión generacional, y no regular penalmente lo que debe regularse técnica y económicamente. Se dice que la música amansa las fieras. Sería deseable que los ruidos de bolsa de los directivos no las enfurezcan.
Dominica Barella presidente de la Unión sindical de los magistrados.
Lunes 14 de marzo de 2005